- La analítica avanzada y la digitalización permiten anticipar fallas y picos de demanda, optimizar el mantenimiento y reducir costos operativos, en un momento en que la electrificación exige redes más resilientes.

San José, Costa Rica. Ayer 22 de octubre de 2026. Imaginemos una pequeña y mediana empresa (PyME) y los desafíos que ha tenido que afrontar en la última década, se llama TecnoAlimentos, se dedica a procesar alimentos y está ubicada en las afueras de San José, Costa Rica. En el año 2015 dependía casi por completo de una subestación eléctrica tradicional, concebida únicamente como punto de transformación y distribución de la energía. La operación de la compañía, basada en cámaras de refrigeración, líneas de empaque automatizadas y sistemas de climatización, hacía que la factura eléctrica representara cerca del 18 % de sus costos operativos. Sin embargo, la empresa tenía muy poca visibilidad sobre su consumo real: se limitaba a la lectura mensual del medidor y reaccionaba solo cuando ocurrían fallas, con pérdidas de producto y paros de producción no planificados.
Con el paso de los años, el contexto energético regional cambió. El crecimiento económico y la electrificación de nuevos sistemas y herramientas, como los centros de datos, la automatización industrial, el crecimiento exponencial de las telecomunicaciones y, más recientemente, la movilidad eléctrica, impulsaron una demanda creciente de electricidad en países como Costa Rica, Panamá y Guatemala. Esos países a los que TecnoAlimentos Centroamérica provee.
La demanda energética aumentó a un ritmo sostenido, a excepción del año 2020 debido a la pandemia de Covid-19, momento tras el cual se produjo un rebote, por ejemplo, en Costa Rica, de acuerdo con datos de lal División de Operación y Control del Sistema Eléctrico (DOCSE) del Grupo ICE. Además, el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) alcanzó un 98,6% de generación de energía con fuentes renovables durante 2025.
Un crecimiento de la demanda que también ocurrió tanto en Panamá, donde la Secretaría Nacional de Energía reporta un incremento sostenido del consumo eléctrico asociado al crecimiento del sector servicios y la expansión urbana; como en Guatemala, cuyas estadísticas provenientes de la Comisión Nacional de Energía Eléctrica (CNEE) reflejan un aumento de la demanda y la necesidad de ampliar redes y subestaciones.
El Sistema Eléctrico Regional de Centroamérica proyecta integrar más de 4.200 MW adicionales de capacidad energética, según el Ente Operador Regional (EOR). El gran desafío es que el 71% de esta nueva energía provendrá de fuentes renovables variables, como la solar y la eólica. Inyectar energía cuya producción depende de si brilla el sol o sopla el viento exige una flexibilidad que las subestaciones analógicas del siglo pasado no pueden ofrecer. La analítica avanzada actúa como el ecualizador perfecto: balancea la intermitencia de las renovables, gestiona el flujo bidireccional que introduce la movilidad eléctrica y estabiliza las transacciones del mercado regional que, de acuerdo con la Comisión Regional de Interconexión Eléctrica (CRIE), han llegado a experimentar picos de crecimiento del 93% interanual.
Tecnología que evolucionar
TecnoAlimentos no es ajena a este contexto. Entre 2018 y 2023 amplió su planta, incorporó más cámaras de frío y un pequeño centro de datos interno, y comenzó a electrificar parte de su flota de distribución mediante cargadores para vehículos eléctricos. Además, instaló un sistema fotovoltaico en el techo de su nave industrial para contar con energía sustentable. La planta pasó a ser una instalación más compleja, con equipos cada vez más sensibles a la calidad del suministro. La subestación que la alimentaba ya no podía limitarse a transformar y distribuir: debía gestionar variaciones de carga, integración de energías renovables y nuevas demandas, en conjunción con lo que ocurre en toda Centroamérica.
Frente a este escenario, la empresa distribuidora decidió modernizar la subestación. Incorporó equipos de protección digitales, medición inteligente y sistemas de supervisión en tiempo real, transformándola en una infraestructura conectada capaz de generar y analizar datos de manera continua. A partir de esta digitalización, la operación dejó de ser puramente reactiva. La distribuidora pudo anticipar sobrecargas, programar mantenimientos preventivos y ofrecer a usuarios como TecnoAlimentos herramientas de gestión de la demanda, a través de portales en línea con curvas de carga, alertas de picos y reportes de calidad de energía.
“Para los directivos del sector y los tomadores de decisiones, la digitalización de las subestaciones no es solo una mejora técnica, sino una estrategia financiera de alto impacto. La gestión predictiva se traduce directamente en una drástica reducción de los costos operativos (OPEX)”, explica Lady Campos, gerente de Nuevos Negocios para Centroamérica de Schneider Electric. Y enfatiza: “Al optimizar las rutas de las cuadrillas de mantenimiento, evitar la compra de repuestos de emergencia a última hora y reducir drásticamente el tiempo de inactividad de las redes, las empresas distribuidoras y transmisoras pueden canalizar esos ahorros hacia una mayor expansión del servicio”.
Continuidad para crecer
El caso de TecnoAlimentos es, en lo específico, hipotético. Pero los datos de la evolución del consumo energético y los cambios que ha experimentado la región no lo son. Tampoco la tecnología y las herramientas y sistemas que permiten a las empresas modernizar sus subestaciones para dar continuidad a su alimentación energética, mejorarla y reducir costos. Detrás del ejemplo de TecnoAlimentos hay digitalización, automatización y renovación.
La inteligencia artificial y la analítica avanzada permiten procesar grandes volúmenes de datos provenientes de sensores, equipos de protección y sistemas de monitoreo instalados en transformadores, interruptores y otros activos críticos. A partir de ellos, estas herramientas pueden, por ejemplo, anticipar picos de demanda y prever cuándo y dónde aumentará el consumo, para planificar la operación y evitar sobrecargas. Además, los algoritmos identifican patrones anómalos, como variaciones de temperatura, vibraciones o comportamientos eléctricos inusuales, que suelen preceder a una avería y, de este modo, anticiparse a posibles fallos. En lugar de intervenir según calendarios fijos, el mantenimiento se basa en la condición real de cada activo, es decir, que los especialistas intervienen cuando y donde hace falta. Y cada una de estas mejoras, en conjunto, permite mejorar la continuidad del servicio: al corregir un problema antes de que derive en una interrupción, se reducen los cortes no planificados y se acorta el tiempo de recuperación.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) señala que la detección de fallas basada en IA puede identificar y ubicar con precisión las averías de la red, reduciendo la duración de las interrupciones entre 30 % y 50 %. En cuanto a costos, la misma agencia estima que los datos y la analítica digital pueden reducir los costos del sistema eléctrico al bajar los de operación y mantenimiento, disminuir las interrupciones no planificadas y extender la vida útil de los activos, con ahorros del orden de 80.000 millones de dólares al año, cerca del 5 % de los costos anuales de generación (AIE, Digitalisation and Energy).
Los especialistas coinciden en que la adopción de estas tecnologías es progresiva y no exige reemplazar la infraestructura existente de pronto. Suele comenzar por activos críticos, con sensores y plataformas de monitoreo, y avanza hacia analítica más sofisticada a medida que se acumulan datos y experiencia. La interoperabilidad de los sistemas, la ciberseguridad y la formación del talento técnico son clave para que la inversión genere valor sostenido. “La subestación del futuro no es solo un nodo de la red: es una fuente de información que permite decidir mejor y con mayor anticipación -concluye Campos-. Para Centroamérica, esto significa acompañar el crecimiento de la demanda con una red más confiable y más eficiente en costos.”
Volvamos al ejemplo de TecnoAlimentos. Para la PyME, la implementación de mejoras significó un cambio profundo: comenzó a ajustar horarios de producción y de carga de vehículos eléctricos según las señales de la red, a coordinar mantenimientos internos con las ventanas de menor estrés del sistema y a utilizar mejor su generación solar. En pocos años logró reducir su factura eléctrica en torno a un 8–10 % y disminuir las horas de producción perdidas por incidencias eléctricas. La experiencia de TecnoAlimentos ilustra cómo, en un contexto de creciente demanda y electrificación en países como Costa Rica, Panamá y Guatemala, las subestaciones dejan de ser eslabones pasivos y se convierten en nodos inteligentes que habilitan una gestión predictiva, más eficiente y segura de la energía.





