- Cambio climático está aumentando la frecuencia e intensidad de fenómenos extremos, agravando riesgos y elevando su impacto sobre las personas y la economía de la región, señala informe.
- También estima que es necesaria una inversión de hasta US$31.000 millones al año en infraestructuras resilientes a inundaciones y huracanes, y movilizar otros US$15.000 millones hasta 2030 para la adaptación y gestión del riesgo de desastres.
- Informe señala que la protección civil es esencial, pero la resiliencia de personas y economías debe reforzarse con esquemas público-privados e instrumentos financieros que reduzcan el impacto y eviten efectos persistentes sobre el bienestar.

20 de octubre de 2026. Los desastres naturales son cada vez más frecuentes y graves en América Latina y el Caribe. Durante los últimos 50 años, cuatro de cada 10 personas han sido impactadas por tormentas tropicales, huracanes, inundaciones, sequías, olas de calor o incendios forestales, un promedio de un desastre natural por semana, con cerca de 100.000 víctimas mortales y pérdidas económicas que superan los US$360.000 millones.
Precisamente, tormentas, inundaciones, sequías, olas de calor y otros fenómenos extremos, cada vez más intensos y frecuentes, destruyen viviendas, interrumpen cadenas logísticas, reducen ingresos, obligan a desviar recursos públicos hacia la atención de emergencias y la reconstrucción y, en muchos casos, generan secuelas prolongadas sobre el crecimiento, la pobreza, la cohesión social y la estabilidad fiscal.
Estas son algunas de las conclusiones del informe: “Hacia una Estrategia Iberoamericana de Respuesta a los Desastres de Origen Natural: Resiliencia, Seguro y Alianzas Público-Privadas”, que la Fundación Iberoamericana Empresarial (FIE) presentó a la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) para que pueda ser analizado en la XXX Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, que se celebrará en Madrid los días 4 y 5 de noviembre de 2026. El informe fue impulsado de forma conjunta por la FIE, Mapfre, y CAF-banco de desarrollo de América Latina y el Caribe. Además, fue elaborado por los economistas, ingenieros y expertos en estrategias de políticas públicas Manuel Balmaseda, Ángel Melguizo y Víctor Muñoz.
El documento señala que, aunque la región ha avanzado de forma significativa en materia de protección civil, mediante sistemas de prevención, alerta temprana y evacuación ante una emergencia, los países necesitan disponer de una estrategia adicional para reforzar la resiliencia regional y acelerar la reconstrucción tras este tipo de desastres de origen natural.
Desastres de origen natural registrados en América Latina y el Caribe

Adicionalmente, el informe menciona que, ante la recurrencia de estos fenómenos, es clave contar con instrumentos financieros predefinidos, adecuados a distintos tipos de riesgo y momentos de intervención, como los seguros, esquemas público-privados y otras herramientas de liquidez y transferencia de riesgo que permiten disponer de fondos y reglas de actuación ya definidas, evitando improvisaciones cuando se produce una emergencia.
Los expertos indican que para los incidentes más habituales y de menor impacto pueden utilizarse reservas presupuestarias, y fondos de contingencia, mientras que para eventos menos frecuentes y de mayor severidad son necesarios instrumentos de transferencia, como los seguros, reaseguros, esquemas paramétricos y bonos catastróficos que ayuden a cubrir los costes de recuperación.
El documento también propone avanzar en una estrategia que refuerce la protección civil con una segunda línea de defensa basada en la resiliencia financiera a través de los seguros, la financiación preventiva, la innovación tecnológica y la colaboración entre el sector público y el privado que, según los autores, son elementos clave para contribuir a reducir la brecha de protección aseguradora (81% en la región), acelerar la recuperación tras una catástrofe y fortalecer la resiliencia económica y fiscal de los países que forman parte de esta región.
Urgencia social y económica
El documento añade que reforzar la capacidad de respuesta de América Latina y el Caribe ante los desastres de origen natural es una urgencia social y económica, con una dimensión financiera decisiva.
En este sentido, el informe propone un decálogo con principios claros, accionables y medibles, que permitan a los países pasar a la acción y disponer de recursos suficientes y rápidos para acelerar la reconstrucción tras los desastres naturales y reducir sus consecuencias sociales y económicas.
Entre ellos, destaca el hecho de convertir la resiliencia financiera en una prioridad de Estado; disponer de recursos para la recuperación de forma rápida; proteger las infraestructuras, servicios y actividades económicas cuya interrupción tenga un mayor impacto social y económico; mejorar la accesibilidad aseguradora para que una parte importante de la población y de las pequeñas empresas tengan mayor acceso a mecanismos de cobertura frente a riesgos catastróficos, aumenten la proporción de pérdidas cubiertas debido a barreras económicas, limitaciones de información y dificultades de distribución; y asegurar pagos rápidos, ya que la agilidad en los desembolsos es fundamental para una recuperación eficaz.
El decálogo también hace referencia a la importancia de impulsar alianzas público-privadas, ya que la colaboración entre administraciones y empresas es clave para aprovechar la capacidad técnica, financiera y de innovación del sector privado y mejorar la protección; vincular protección y prevención, para que los mecanismos de cobertura estén acompañados de medidas que reduzcan los riesgos y fomenten una mejor planificación y preparación ante los desastres; y avanzar con una cooperación flexible y orientada a resultados, ya que cada país debe poder progresar según sus necesidades y capacidades con el objetivo común de ampliar la protección, acelerar la recuperación y reducir el impacto de los desastres.
Decálogo para implementar la Estrategia Iberoamericana de respuesta a los desastres de origen natural
| 1 | Integrar la resiliencia financiera como prioridad de Estado. |
| 2 | Reducir la brecha de protección frente a los desastres de origen natural. |
| 3 | Priorizar los riesgos, activos y actividades de mayor impacto económico y social. |
| 4 | Impulsar alianzas público-privadas con reglas claras. |
| 5 | Preservar la disponibilidad y sostenibilidad de las coberturas. |
| 6 | Garantizar pagos rápidos, transparentes y verificables. |
| 7 | Utilizar la innovación tecnológica y financiera para ampliar la cobertura. |
| 8 | Vincular el aseguramiento con la prevención y la reducción del riesgo. |
| 9 | Construir estándares y capacidades iberoamericanas compartidos. |
| 10 | Avanzar mediante un multilateralismo flexible y orientado a resultados. |
El informe se encuentra disponible en el sitio web: www.mapfre.com.





