Por Andrea Cavallari, Field CTO para Latinoamérica en Red Hat

En 2026, el panorama de la ciberseguridad alcanzó un punto de inflexión. Uno de los hitos de esta transformación fue la demostración de que los modelos de inteligencia artificial, como Mythos, de Anthropic, pueden identificar y potencialmente explotar vulnerabilidades a una escala y velocidad que desafían la capacidad humana.
Este avance altera la forma en que las empresas deben abordar la seguridad. Durante años, los esfuerzos se concentraron en aumentar la visibilidad de las vulnerabilidades. Las organizaciones invirtieron en herramientas para analizar código, infraestructura y aplicaciones en busca de riesgos, partiendo del principio de que el descubrimiento era el factor limitante, pero esto ya no es verdad.
Actualmente, los sistemas impulsados por IA pueden identificar vulnerabilidades de forma continua y a un ritmo sin precedentes. El desafío ya no es únicamente encontrarlas, sino actuar sobre ellas.
Para América Latina y el Caribe, este cambio plantea un reto adicional. El Global Cybersecurity Outlook 2026 del World Economic Forum señala que el 65% de las organizaciones de la región considera que no cuenta con las personas y habilidades críticas necesarias para alcanzar sus objetivos de ciberseguridad, la proporción más alta entre las regiones analizadas. En un escenario donde la IA puede multiplicar los hallazgos, la brecha de capacidades humanas puede convertirse también en una brecha en los tiempos de respuesta.
La ciberseguridad, por tanto, ya no se limita a detener ataques. Es una responsabilidad central de negocio y gobernanza, moldeada por la evolución de las amenazas y las crecientes expectativas regulatorias.
Para los líderes, los principales puntos de reflexión ante este cambio son tres: ¿con qué rapidez se pueden remediar las vulnerabilidades?, ¿dónde están las brechas entre la detección y la acción?, y ¿cómo obtener correcciones de paquetes comunitarios a tiempo?
Respuesta en código abierto
Según un análisis publicado por el Centre for Emerging Technology and Security (CETaS) del Alan Turing Institute, más del 45% de las vulnerabilidades identificadas en grandes organizaciones permanecen sin corrección después de 12 meses.
Este escenario evidencia una creciente brecha entre la capacidad de identificar riesgos y la de remediarlos. Es una preocupación especialmente relevante para nuestra región. El informe Ciberseguridad 2025, elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Organización de los Estados Americanos (OEA), en colaboración con el Global Cyber Security Capacity Centre de la Universidad de Oxford, muestra que América Latina y el Caribe ha avanzado en su madurez en ciberseguridad, pero mantiene diferencias importantes en recursos, desarrollo de talento y coordinación intersectorial.
El desafío, por tanto, no es solamente tecnológico. La velocidad con que una organización pueda convertir información sobre una vulnerabilidad en una acción concreta dependerá también de sus procesos, capacidades y modelos de colaboración.
Para ayudar a enfrentar este desafío, IBM y Red Hat anunciaron Lightwell, una solución destinada a fortalecer la seguridad de la cadena de suministro de software de código abierto. La iniciativa combina recursos avanzados de inteligencia artificial con una fuerza global de más de 20 mil ingenieros para ampliar la capacidad de identificar, corregir y mitigar vulnerabilidades en bibliotecas de código abierto ampliamente utilizadas por aplicaciones empresariales.
Un elemento crítico de la economía digital
Las aplicaciones modernas dependen ampliamente de software de código abierto que abarca diversos lenguajes, frameworks y pilas tecnológicas. Se estima que entre el 70% y el 90% del software moderno depende de código abierto.
Esta adopción ha generado importantes beneficios en innovación, colaboración y velocidad, pero, al mismo tiempo, ha creado nuevos desafíos para la seguridad. El enorme volumen y los costes por debajo de los 50 USD en exploits generados por IA han roto los modelos tradicionales de gestión de parches, dejando las bases de código con un promedio de 581 vulnerabilidades, como señaló un informe de Black Duck.
Cuando se descubren vulnerabilidades, la solución recomendada suele ser la actualización. Sin embargo, en entornos corporativos, esta resolución puede ser disruptiva, lenta o arriesgada debido a requisitos de compatibilidad, pruebas de regresión, necesidades de certificación, compromisos con clientes, ventanas de lanzamiento o restricciones de producción.
Lightwell ofrece a los clientes correcciones para bibliotecas de código abierto en la versión exacta que la aplicación está utilizando, sin necesidad de actualizaciones, mediante correcciones backported diseñadas para entornos corporativos, donde la velocidad, la estabilidad y la confianza operativa son fundamentales. Para ello, propone un modelo de remediación que combina automatización, inteligencia artificial y décadas de experiencia de Red Hat en el desarrollo y la seguridad de tecnologías open source.
Seguridad con responsabilidad compartida
Las aplicaciones empresariales dependen de componentes desarrollados y mantenidos por diferentes comunidades, y ninguna organización puede proteger esta cadena de forma aislada. Por eso, la seguridad del software de código abierto es un desafío colectivo. Depende de procesos consistentes y de colaboración.
Además de contar con el apoyo de un amplio ecosistema de socios, Lightwell acompaña otras iniciativas de la industria orientadas a fortalecer la seguridad del software, como el proyecto Akrites de Linux Foundation, Daybreak de OpenAI y Project Glasswing de Anthropic.
Este tipo de colaboración adquiere aún mayor importancia ante las brechas de talento y recursos que enfrenta América Latina. Gobiernos, empresas, proveedores tecnológicos, desarrolladores y comunidades de código abierto tendrán que compartir cada vez más la responsabilidad de proteger la infraestructura digital sobre la que opera la economía.
El próximo capítulo de la seguridad digital
Si en el pasado la ventaja estaba en descubrir vulnerabilidades más rápidamente, hoy también está en la capacidad de validarlas, priorizarlas y corregirlas con agilidad, confianza y escala.
Para Centroamérica, esta discusión coincide con un proceso más amplio de transformación digital y fortalecimiento de capacidades de ciberseguridad. La región ha avanzado, pero los desafíos identificados por organismos como el BID, la OEA y el World Economic Forum muestran que la tecnología por sí sola no será suficiente.
Las organizaciones operan entornos tecnológicos cada vez más complejos y necesitan equilibrar modernización, control de costes, disponibilidad y seguridad. En ese contexto, reducir riesgos sin renunciar a la estabilidad y continuidad de las operaciones puede convertirse en un diferencial estratégico.
En un mundo en el que la IA puede acelerar el descubrimiento de fallos, la verdadera diferencia estará en lo que sucede después del hallazgo: la capacidad de decidir, priorizar y responder de manera efectiva.





