Se estima que el 42% de las mujeres ocupadas tiene educación universitaria (con o sin título), frente al 27,5%.

San José, 7 de marzo 2026. – En Costa Rica, la economía tiene rostro de mujer. Está en las aulas, en las empresas, en los emprendimientos, en la administración pública, en el comercio local y también en el corazón de los hogares que sostienen el tejido productivo del país.
Más que una estadística, la participación femenina es una fuerza estructural que dinamiza consumo, innovación, educación y desarrollo social. Y hoy, los datos confirman algo poderoso: cuando las mujeres avanzan, la economía avanza con ellas.
Según datos del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) y recopilados por el Colegio de Ciencias Económicas, el 42% de las mujeres ocupadas tiene educación universitaria (con o sin título), frente al 27,5% de los hombres ocupados.
Este dato no es menor. Refleja una generación de mujeres altamente capacitadas, con competencias técnicas, profesionales y estratégicas que fortalecen sectores clave como servicios, educación, salud, comercio y tecnología, entre otros. Costa Rica cuenta hoy con un capital humano femenino que representa una ventaja competitiva real en un entorno global que exige innovación y conocimiento.
De acuerdo con la Encuesta Continua de Empleo del INEC, la tasa de participación laboral femenina se ubica en 43,5%. Si bien existe espacio para crecer, esta cifra representa a cientos de miles de mujeres que diariamente aportan productividad, talento y liderazgo en distintos sectores económicos.
Además, el emprendimiento femenino se ha convertido en una herramienta clave de dinamización económica. Programas como FOMUJERES, impulsado por el INAMU, han colocado más de ₡2.135 millones en 616 emprendimientos liderados por mujeres hasta mayo de 2025. Cada negocio liderado por una mujer genera ingresos, empleo, innovación y bienestar comunitario. No es solo economía individual: es impacto social multiplicador.
La Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) del INEC muestra que las mujeres destinan una proporción significativa de su tiempo al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Lejos de interpretarse como una limitación, este dato revela una realidad estructural: las mujeres sostienen no solo la economía formal, sino también la base social que permite que el país funcione.
El desafío no es reconocer su aporte —porque ya es evidente— sino crear condiciones que permitan que ese talento tenga cada vez más espacio en el ámbito productivo formal.
La evidencia internacional, incluida la OCDE, confirma que una mayor participación femenina en el mercado laboral tiene efectos directos sobre el crecimiento económico, la productividad y la estabilidad social. Cerrar brechas no es solo una meta social; es una estrategia económica inteligente.
Para Katherine Víquez, Presidenta del Colegio de Ciencias Económicas, el tema trasciende la equidad y se ubica en el terreno estratégico del desarrollo nacional: “La mujer costarricense no es solo parte de la economía; es uno de sus pilares fundamentales. Cuando impulsamos su autonomía económica, estamos fortaleciendo la competitividad y el crecimiento del país.”
“Costa Rica cuenta con mujeres altamente preparadas, emprendedoras y comprometidas. Nuestro reto como sociedad es seguir generando condiciones que permitan que ese talento se traduzca en más liderazgo, más innovación y más bienestar. Invertir en la mujer es invertir en estabilidad económica, en desarrollo sostenible y en futuro.”, añadió la Presidenta del CCECR.
El papel de la mujer en la economía costarricense no es una promesa: es una realidad tangible. Está en las estadísticas oficiales, en los emprendimientos que nacen cada día, en las profesionales que lideran equipos, en las madres que también son empresarias, en las jóvenes que hoy se forman para dirigir el país mañana.
Costa Rica tiene una oportunidad clara: potenciar aún más el talento femenino, facilitar su inserción y crecimiento en el mercado laboral y consolidar políticas que impulsen la corresponsabilidad en los cuidados.
Porque cuando la mujer crece, crece la empresa. Cuando la mujer emprende, se activa la comunidad. Y cuando la mujer lidera, la economía se transforma.





