- La información poco confiable, la dificultad para comprender indicaciones y la consulta tardía pueden conducir a decisiones inseguras sobre la salud
- Comprar medicamentos en canales seguros también forma parte del autocuidado

Centroamérica y República Dominicana, julio de 2026. Más de ocho de cada diez personas reconocen la importancia del autocuidado para su bienestar. Sin embargo, solamente la mitad considera contar con los conocimientos y las herramientas necesarias para practicarlo adecuadamente.
Esta brecha adquiere especial relevancia en un entorno donde el 64% de las personas busca y confía en información de salud disponible en internet, mientras cerca del 30% reporta acudir al médico únicamente cuando sus síntomas ya son graves, lo que reduce las posibilidades de prevención y atención oportuna.
El reto, por tanto, no es solamente motivar a las personas a cuidar su salud, sino facilitarles información clara, comprensible y basada en evidencia para que puedan distinguir qué situaciones pueden manejar responsablemente, cuándo requieren orientación del farmacéutico y en qué momento deben consultar al médico.
La alfabetización en salud —la capacidad de acceder, comprender, evaluar y aplicar información relacionada con la salud— es fundamental para tomar mejores decisiones, identificar fuentes confiables y evitar recomendaciones falsas, incompletas o inaplicables a la condición particular de cada persona.
«Hace 25 años, el autocuidado se percibía como una acción aislada. Hoy sabemos que el autocuidado responsable no depende solo de las personas; el conocimiento es el primer punto de partida. Las personas con mayores niveles de alfabetización en salud están mejor preparadas para identificar cuándo un síntoma puede manejarse mediante el autocuidado y reconocer cuándo es estrictamente necesario acudir a un profesional o a un servicio de salud.», señala Juan Thompson, Presidente Ejecutivo de ILAR.
Auto cuidarse también es saber cuándo consultar
La Organización Mundial de la Salud define el autocuidado como la capacidad de las personas, las familias y las comunidades para promover la salud, prevenir enfermedades, mantener el bienestar y afrontar enfermedades y discapacidades, con o sin el apoyo de un profesional de la salud.
Incluye hábitos como alimentarse adecuadamente, mantenerse físicamente activo, descansar, manejar el estrés, cumplir controles preventivos, buscar información confiable y utilizar correctamente los medicamentos de venta libre cuando corresponde.
Pero el autocuidado no debe confundirse con bienestar ni con automedicación inadecuada.
El bienestar comprende hábitos que contribuyen al equilibrio físico, mental y emocional y forma parte del autocuidado, pero no lo abarca por completo. El autocuidado también exige comprender información de salud, reconocer riesgos, utilizar medicamentos responsablemente y saber cuándo consultar.
Tampoco significa intentar resolver cualquier problema de salud por cuenta propia. La auto prescripción inadecuada ocurre cuando se utilizan medicamentos sin suficiente información o criterio, se modifican las dosis, se combinan productos, se prolongan tratamientos o se ignoran contraindicaciones y señales de alarma.
En la práctica, el autocuidado responsable supone cuatro decisiones:
- Prevenir: adoptar hábitos saludables, cumplir controles y reducir factores de riesgo.
- Reconocer: identificar síntomas comunes, cambios y señales que no deben ignorarse.
- Actuar correctamente: utilizar información confiable, leer las indicaciones y respetar dosis, frecuencia y duración.
- Consultar a tiempo: buscar orientación cuando una situación supera lo que puede manejarse responsablemente mediante el autocuidado.
“El autocuidado es la medicina más poderosa que usamos todos los días. Son las decisiones que tomamos antes de enfermarnos: cómo comemos, cómo nos movemos, cómo cuidamos nuestra salud mental, cómo prevenimos riesgos y cómo utilizamos la información y los medicamentos de manera responsable. En pocas palabras, es pasar de reaccionar ante la enfermedad a construir salud todos los días”, explica la Dra. Astrid Díaz, Directora Médica para Centroamérica y el Caribe, Bayer Consumer Health.
Tener acceso a la información no garantiza comprenderla
Aunque el 90% de las personas afirma leer las etiquetas de los medicamentos de venta libre, un 15% reconoce que no sigue las indicaciones porque no comprende adecuadamente el contenido del inserto.
La falta de comprensión puede aumentar el riesgo de utilizar un medicamento para una condición distinta de la indicada, exceder la dosis recomendada, combinar productos sin orientación o prolongar su uso cuando el síntoma requiere valoración profesional.
Por eso, la información de salud no solo debe estar disponible. También debe ser comprensible, accesible y útil para la vida cotidiana.
Antes de utilizar un medicamento de venta libre, las personas deberían poder responder preguntas básicas:
- ¿Está indicado para el síntoma que presento?
- ¿Comprendo la dosis, frecuencia y duración de uso?
- ¿Tengo alguna condición de salud que deba considerar?
- ¿Estoy utilizando otros medicamentos?
- ¿El síntoma persiste, empeora o se repite?
- ¿Existe alguna señal de alarma que requiera atención profesional?
Que un medicamento sea de venta libre no significa que pueda utilizarse sin criterio, en cualquier dosis o durante tiempo indefinido.
El desafío de la información digital
Buscadores, redes sociales, plataformas digitales y creadores de contenido se han convertido en fuentes habituales de información sobre síntomas, enfermedades y tratamientos.
Esta disponibilidad puede facilitar el acceso al conocimiento, pero también expone a las personas a recomendaciones sin respaldo científico, contenidos desactualizados, experiencias personales presentadas como soluciones universales y mensajes cuyo principal propósito es promover una venta.
Antes de seguir una recomendación de salud publicada en internet, conviene verificar:
- Quién es responsable de la información.
- Cuándo fue publicada o actualizada.
- Qué fuentes científicas o sanitarias la respaldan.
- Si diferencia una orientación general de una recomendación personal.
- Si explica riesgos, advertencias y limitaciones.
- Si existe un interés comercial detrás del contenido.
Las promesas de curas rápidas, resultados garantizados o soluciones aplicables a todas las personas son señales que deben generar desconfianza.
Comprar medicamentos en canales seguros también forma parte del autocuidado
El autocuidado responsable no termina en la elección y el uso adecuado de un medicamento. También exige verificar su procedencia y adquirirlo únicamente en farmacias y establecimientos autorizados.
Los medicamentos falsificados, adulterados, vencidos, re etiquetados o comercializados ilegalmente pueden carecer del principio activo, contener cantidades inferiores o superiores a las declaradas, incorporar sustancias tóxicas o presentar contaminación microbiológica.
Estas alteraciones pueden provocar falta de efectividad, progresión o descompensación de una enfermedad, intoxicaciones, daño hepático o renal y resistencia antimicrobiana.
La Organización Mundial de la Salud estima que aproximadamente uno de cada diez medicamentos analizados en países de ingresos bajos y medios es de calidad subestándar o falsificado. La estimación se basa en el análisis agregado de casi 50.000 muestras procedentes de 88 países y corresponde a una tasa observada de falla cercana al 10,5%.
Los precios inusualmente bajos, las promesas extraordinarias, la venta mediante perfiles informales y la imposibilidad de verificar el registro, fabricante, procedencia o establecimiento vendedor son señales de riesgo.
“La compra segura de medicamentos es un pilar fundamental del autocuidado y de la protección de la salud pública. Adquirir productos en canales informales expone a los pacientes a riesgos graves: desde la ineficacia terapéutica hasta consecuencias fatales derivadas de medicamentos falsificados, adulterados o de contrabando. Además del impacto sanitario, esta práctica genera un fuerte impacto social y económico: debilita la confianza en los sistemas de salud, fomenta la competencia desleal, provoca pérdidas de empleos e ingresos tributarios y afecta directamente a la sostenibilidad de la industria farmacéutica formal”, indica Virginia González, Coordinadora del Comité Contra los Ilícitos de FEDEFARMA.
Decisiones sencillas para un autocuidado más seguro
Bayer, la Federación Centroamericana y del Caribe de Laboratorios Farmacéuticos (FEDEFARMA) y la Asociación Latinoamericana de Autocuidado Responsable (ILAR) recomiendan:
- Adoptar hábitos preventivos y mantener controles periódicos.
- Buscar información en fuentes médicas, sanitarias o científicas confiables.
- Leer las etiquetas y respetar las indicaciones, dosis y advertencias.
- Consultar al médico o farmacéutico ante dudas, síntomas persistentes o señales de alarma.
- Evitar compartir medicamentos, reutilizar recetas o combinar productos sin orientación.
- Adquirir medicamentos únicamente en farmacias y establecimientos autorizados. Desconfiar de productos ofrecidos por canales informales o mediante promesas poco realistas.
La principal brecha no es la falta de interés de las personas por cuidar su salud, sino la falta de conocimientos, información y criterio para hacerlo correctamente. El autocuidado responsable no significa enfrentar las necesidades de salud en soledad: significa prevenir, actuar con información confiable y reconocer cuándo es necesario pedir ayuda profesional.





