Análisis del Colegio de Ciencias Económicas advierte que el principal canal de impacto sería el aumento del precio del petróleo y los costos logísticos internacionales.

San José, El pasado 6 marzo 2026.- El conflicto bélico en Medio Oriente podría generar presiones inflacionarias, afectar el crecimiento económico y elevar los costos logísticos y financieros para Costa Rica, pese a la distancia geográfica del país respecto al epicentro del conflicto, según un análisis económico divulgado por el Colegio de Ciencias Económicas de Costa Rica (CCECR).
El análisis señala que la economía mundial se encuentra profundamente interconectada, por lo que eventos disruptivos como una guerra pueden transmitirse rápidamente a otros países a través de los precios internacionales, el comercio, las condiciones financieras y los mercados energéticos.
En el caso costarricense, el canal de transmisión más inmediato sería el incremento en el precio del petróleo, insumo transversal para prácticamente todas las actividades productivas. Datos recientes indican que el precio del petróleo registró un aumento cercano al 19,3 % entre finales de febrero y principios de marzo, lo que eventualmente podría trasladarse al costo del “cóctel” de hidrocarburos que importa el país.
Según estimaciones citadas en el análisis, un aumento de 10 % en el precio de los combustibles podría generar cerca de 0,5 puntos porcentuales adicionales de inflación y reducir en aproximadamente un punto porcentual el crecimiento del producto interno bruto (PIB).
El economista del Colegio de Ciencias Económicas, José Francisco Pacheco, explicó que estos choques externos suelen transmitirse gradualmente a la economía nacional.
“Aunque Costa Rica no participa directamente en el conflicto, los efectos se transmiten principalmente por el encarecimiento de la energía y de los costos logísticos internacionales. Esto puede impactar los precios internos, el crecimiento económico y las decisiones de inversión”, señaló Pacheco.
El análisis también advierte que el conflicto podría alterar rutas estratégicas del comercio mundial, como el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20 % del comercio global de petróleo. Cualquier restricción en estas rutas elevaría los costos de transporte marítimo, seguros y recargos logísticos, lo que terminaría encareciendo tanto las importaciones como las exportaciones costarricenses, especialmente aquellas dirigidas a mercados en Europa y Asia.
“Costa Rica es una economía altamente abierta, con exportaciones que superan el 40 % del PIB. Por eso, aumentos sostenidos en los costos energéticos y logísticos pueden amplificar los efectos negativos sobre el comercio y la producción”, agregó Pacheco.
Un aumento en el precio del petróleo incrementaría la demanda de divisas para financiar importaciones más costosas, lo que podría generar presiones de devaluación sobre el colón.
A su vez, las presiones inflacionarias globales podrían llevar a bancos centrales a mantener o incluso aumentar las tasas de interés, encareciendo el financiamiento internacional y trasladando parte de ese efecto a las economías emergentes, incluida Costa Rica. No obstante, el país cuenta con niveles relevantes de reservas internacionales, lo que le da margen al Banco Central para suavizar movimientos abruptos en el mercado cambiario.
De acuerdo con el análisis, la magnitud del impacto dependerá principalmente de la duración del choque energético. Si el aumento de precios es temporal, los efectos serían limitados; pero si se prolonga durante varios meses, podría presionar la balanza de pagos, las finanzas públicas y el poder adquisitivo de los hogares.
“El escenario más desafiante sería uno de precios energéticos elevados durante un periodo prolongado, porque eso termina afectando simultáneamente inflación, crecimiento, inversión y consumo”, concluyó Pacheco.
El informe también advierte que los sectores agricultura, manufactura y transporte serían los más sensibles ante un aumento sostenido de los costos energéticos, mientras que el consumo de los hogares podría verse afectado por la pérdida de poder adquisitivo derivada de la inflación.





