El Niño pone presión sobre costos, operaciones y cadenas de suministro de las empresas en América Latina

El Niño pone presión sobre costos, operaciones y cadenas de suministro de las empresas en América Latina

WTW recomienda a las empresas anticipar escenarios de interrupción y revisar sus estrategias de continuidad y transferencia de riesgos

San José, Costa Rica. El desarrollo del Fenómeno de El Niño durante 2026 es un factor adicional de presión para las empresas latinoamericanas, no solo por sus efectos sobre el clima, sino por las eventuales consecuencias sobre los costos de operación, el suministro de agua y energía, la disponibilidad de materias primas, la logística y la continuidad de los negocios.

De acuerdo con el análisis de WTW Corredores de Seguros, la región enfrenta un escenario de alta vulnerabilidad ante la evolución del fenómeno. La alteración de los patrones de lluvia ya está generando sequías y escasez de agua en algunas zonas, mientras otras podrían experimentar un aumento de lluvias intensas. A esto se suman temperaturas más elevadas, mayor riesgo de incendios forestales y posibles reducciones en los niveles de los embalses hidroeléctricos.

Para las compañías, estos cambios pueden traducirse directamente en números. WTW identifica entre los principales impactos potenciales las restricciones en el suministro de agua y energía, mayores costos de operación, abastecimiento y transporte, retrasos en materias primas e insumos críticos, interrupciones provocadas por incendios y riesgos de incumplimiento de compromisos contractuales. Los expertos señalan que los costos logísticos podrían aumentar hasta un 15% debido a cuellos de botella en el transporte.

“El riesgo climático dejó de ser un asunto que las empresas pueden manejar únicamente desde el área de seguros. Tiene implicaciones sobre costos, producción, abastecimiento, logística, servicio al cliente y, en última instancia, sobre los resultados del negocio”, señaló Mauricio Granados, gerente general de WTW Corredores de Seguros.

Uno de los puntos que requiere mayor atención es la disponibilidad energética. La reducción de los niveles de los embalses implica una disminución en la capacidad de generación hidroeléctrica y obligar a algunos mercados a recurrir a fuentes térmicas más costosas. Para las empresas con operaciones intensivas en energía, esto representa una mayor exposición a interrupciones y posibles incrementos en sus costos .

La presión también puede trasladarse a las cadenas de suministro. WTW recomienda vigilar no solo la disponibilidad de materias primas e insumos estratégicos, sino también sus tiempos de entrega y evolución de precios. El análisis advierte que 30% del suministro de fertilizantes de la región proviene de Oriente Medio, por lo que eventuales aumentos de precios o problemas de disponibilidad tienen repercusión en los márgenes de las empresas.

“Una interrupción que comienza como un problema climático termina afectando el margen de una compañía si no existen proveedores alternos, inventarios adecuados, rutas logísticas de contingencia o fuentes de respaldo para servicios críticos”, explicó Granados.

Pasar de reaccionar a anticipar

Es importante que, ante estas variables climáticas, las empresas deberían anticipar decisiones de gestión de riesgos y continuidad del negocio. Entre las medidas recomendadas están establecer indicadores de riesgo climático, actualizar los planes de continuidad, identificar proveedores y fuentes alternativas de agua, energía y combustibles, y realizar simulaciones que permitan comprobar si los protocolos realmente funcionan cuando una operación se ve afectada.

La planificación también debería considerar las particularidades de cada país y operación. El monitoreo de las precipitaciones, las reservas energéticas, las anomalías de temperatura, la disponibilidad de insumos y las condiciones que favorecen incendios ofrecen señales tempranas para tomar decisiones antes de que una interrupción llegue a afectar la operación.

En materia de seguros, WTW señala que las empresas deberían evaluar mecanismos de transferencia de riesgo, incluidas las coberturas paramétricas, que permiten establecer pagos asociados a variables climáticas medibles como lluvia, temperatura o velocidad del viento, sin requerir necesariamente un peritaje en campo, lo que agiliza la respuesta financiera ante determinados eventos.

Para Granados, la discusión debe centrarse en cuánto puede costarle a una empresa no estar preparada.

“La pregunta para los gerentes no debería ser únicamente qué tan probable es que ocurra un evento climático, sino cuánto le costaría a la compañía detener una operación crítica, perder un proveedor estratégico o no poder cumplir con sus clientes. Esa perspectiva cambia la forma de tomar decisiones y permite asignar recursos donde realmente pueden reducirse las pérdidas”, afirmó.

La recomendación es que las empresas revisen sus escenarios de exposición antes de que los efectos del fenómeno se traduzcan en interrupciones, y que integren el riesgo climático en sus procesos corporativos de gestión de riesgos y toma de decisiones. El análisis de la firma contempla evaluaciones de vulnerabilidad operativa, logística y de cadenas de suministro, así como herramientas para identificar exposiciones climáticas específicas y alternativas de transferencia de riesgo.

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