
San José, Costa Rica. El uso de redes sociales forma parte cada vez más de la vida cotidiana de niños, niñas y adolescentes. Estas plataformas pueden facilitar la comunicación, el entretenimiento, el aprendizaje y la conexión con otras personas; sin embargo, cuando su uso se vuelve excesivo o difícil de controlar, puede relacionarse con cambios en el sueño, el estado de ánimo, la autoestima, la concentración y las relaciones sociales.
La preocupación es especialmente relevante durante la adolescencia, una etapa en la que se desarrollan la identidad, la autoestima y las habilidades para relacionarse con los demás. Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente 1 de cada 7 adolescentes de 10 a 19 años (alrededor del 15%) presentan algún trastorno psicológico, siendo la ansiedad y la depresión los más frecuentes, tendencia que se incrementó tras la pandemia del Covid-19. También, otros estudios han identificado el miedo a quedarse fuera o a perderse algo de lo que ocurre en redes sociales como un factor que puede favorecer una conexión constante y patrones de uso problemático.
En Costa Rica, esta preocupación también forma parte de la discusión sobre la protección de las personas menores de edad en los entornos digitales. Recientemente, se presentó a la corriente legislativa, el expediente N.° 25.805, denominado “Ley de Protección y Edad Mínima para el Acceso a Redes Sociales”, que propone establecer los 15 años como edad mínima para la creación de cuentas en determinadas plataformas y plantea obligaciones para los proveedores relacionadas con la verificación de edad, la privacidad, la seguridad y la minimización de datos personales.
“Las redes sociales no son necesariamente perjudiciales; el problema aparece cuando su uso comienza a desplazar actividades importantes de la vida cotidiana o se convierte en una fuente constante de malestar. En niños y adolescentes es fundamental que de parte de los adultos exista un modelaje ya que los menores aprenden de como los padres utilizan sus propios dispositivos, es muy importante que estén atentos a los cambios en los hábitos, el estado de ánimo, el sueño, el rendimiento académico y las relaciones personales, además de conversar sobre la comparación social y la necesidad de aprobación”, explica Rocío Aguilar, Directora de Psicología de la Universidad San Marcos.
Recomendaciones para un uso saludable
Ante esta situación, la especialista recomienda a las familias y adultos responsables, lo siguiente:
- Establecer horarios y momentos libres de redes sociales, especialmente durante las comidas, el estudio y la convivencia familiar.
- Evitar el uso de dispositivos antes de dormir para favorecer un descanso adecuado.
- Desactivar notificaciones innecesarias que puedan incentivar la revisión constante del teléfono.
- Promover actividades fuera de las pantallas, como ejercicio, juego, lectura, recreación y convivencia con familiares y amigos.
- Conversar con niños y adolescentes sobre el contenido que consumen, la comparación social, la presión por obtener aprobación y el miedo a quedarse fuera de lo que ocurre en redes.
- Observar cambios en el estado de ánimo, el sueño, el rendimiento académico, los hábitos y las relaciones personales.
- Acompañar a los menores en el desarrollo de habilidades para proteger su privacidad, identificar situaciones de riesgo y establecer límites saludables en el entorno digital.
- Buscar orientación de un profesional de la salud mental cuando el uso de las redes sociales resulte difícil de controlar o comience a afectar significativamente la vida cotidiana.
Más que plantear una eliminación de las redes sociales, el objetivo es promover entornos digitales más seguros y un uso consciente y equilibrado. El acompañamiento familiar, la educación digital y la identificación temprana de señales de alerta pueden contribuir a que niños, niñas y adolescentes aprovechen las posibilidades de la tecnología sin que las plataformas interfieran de manera significativa en su bienestar y desarrollo.





