· Se trata de estructuras organizadas que buscan manipular la conversación pública mediante perfiles falsos o coordinados. Su misión no es necesariamente convencer ni ganar votos, sino distorsionar: sembrar duda, impedir que el elector confíe en algo o alguien, polarización o cansancio para afectar el criterio del votante.

A pocos días de las elecciones presidenciales en el país, los principales partidos y actores políticos han intensificado su presencia en las redes sociales. En este escenario, es importante que el elector sepa que en esta ocasión, un fenómeno relativamente reciente cobra protagonismo: las llamadas granjas de troles. Para el votante, entender qué son, cómo operan y cuál es su objetivo resulta clave para formarse un criterio propio y evitar caer en la manipulación digital.
El término “trol” se utiliza para describir a perfiles en redes sociales que intervienen deliberadamente en conversaciones digitales para provocar, desinformar o manipular. Sin embargo, las “granjas de troles” van un paso más allá. No se trata de individuos aislados, sino de estructuras organizadas que operan en cantidad, con personal asignado, objetivos claros y métricas de impacto. Su propósito no siempre es apoyar a un candidato específico; en ocasiones basta con sembrar desconfianza, polarización, confusión o cansancio entre los votantes.
Cómo funcionan estas estructuras
Las granjas de troles trabajan con perfiles falsos o semi-falsos (cuentas registradas con datos reales mínimos), a veces apoyados por cuentas automatizadas (bots). Esos perfiles comparten contenidos predefinidos, repiten consignas, amplifican rumores, insultan opositores o dinamitan debates. Su fuerza radica en la coordinación: no es un comentario aislado, sino decenas o cientos que aparecen simultáneamente, logrando que un tema parezca más relevante, más polémico o respaldado de lo que realmente es.
“Ese efecto puede alterar la percepción de las personas. Si un votante entra a una discusión política y observa una avalancha de comentarios idénticos, puede concluir que existe una opinión dominante, cuando en realidad se trata de un montaje artificial”, explicó Ariel Ramos, docente de Ingeniería Informática de la Universidad Fidélitas.
Los objetivos de las granjas de troles son: marcar agenda, desprestigiar o intimidar, confundir y desincentivar la participación de los electores porque no le tiene confianza a nadie.
Según el docente de UFidélitas, uno de los principales objetivos es lograr que ciertos temas se vuelvan tendencia, desplazando discusiones relevantes. Otras granjas se dedican a atacar a candidatos, periodistas, líderes sociales o ciudadanos comunes para limitar su participación en el proceso. Son capaces de mezclar hechos con rumores y medias verdades para dificultar que el votante identifique lo verídico y con ello generar la sensación de que todo es sucio, todo es inútil, o todos son iguales, debilitando la confianza democrática, enfatizó.
Qué papel juegan las plataformas
Aunque las redes sociales han implementado mecanismos para detectar bots o comportamientos coordinados, la sofisticación del fenómeno hace que sea difícil eliminarlo por completo. Muchas granjas recurren a estrategias más discretas: simulación de lenguaje natural, horarios alternos de publicación, interacción cruzada entre perfiles, uso de imágenes reales y hasta identidad digital prestada.
Qué puede hacer el votante: tener pensamiento crítico
El antídoto es la alfabetización digital. Verifique, contraste, pregunte y mantenga una distancia saludable respecto de los impulsos que la política en redes intenta activar. No se trata de abandonar las redes sino de aprender a navegar en ellas con criterio.
Algunas preguntas que pueden ayudar:
· ¿El perfil que opina parece real? ¿Tiene foto, historia, publicaciones diversas, o solo se dedica a política?
· ¿El mensaje se repite de manera idéntica entre distintos perfiles?
· ¿Apela solo a la emoción (miedo, enojo, burla) sin aportar datos verificables?
· ¿El contenido proviene de una fuente confiable o simplemente “alguien lo dijo”?
· ¿La discusión pretende informar o solo provocar?
Ninguna de estas preguntas garantiza la detección perfecta, pero todas contribuyen a reducir la probabilidad de caer en manipulación. Lamentablemente, la desinformación no solo distorsiona la conversación pública, también erosiona la confianza entre ciudadanos.





