Seguridad que trasciende la obra: un desafío pendiente para Costa Rica

Seguridad que trasciende la obra: un desafío pendiente para Costa Rica

Por Micael Quesada, Subgerente de Gestión Integrada de Meco.

Costa Rica enfrenta una transformación silenciosa en la forma en que entiende la seguridad y la salud en el trabajo. No se trata de un cambio visible en un único proyecto ni de una medida aislada. Se trata de una evolución más profunda, impulsada por una sociedad más consciente, por estándares internacionales más exigentes y por una realidad que evidencia la vulnerabilidad de las comunidades ante distintos riesgos.

Durante años, el sector construcción avanzó de manera significativa en la protección de sus trabajadores. La incorporación de normativa, protocolos y cultura preventiva marcó un antes y un después en el país. Sin embargo, esa evolución hoy resulta insuficiente frente a un entorno más complejo, donde las obras que ejecutamos conviven directamente con comunidades que también enfrentan riesgos derivados de la actividad constructiva.

Cada obra introduce nuevas condiciones en su entorno. Una intervención en el terreno modifica el comportamiento del agua durante una lluvia intensa. El tránsito de maquinaria pesada altera la dinámica cotidiana de quienes viven en la zona. Incluso fenómenos naturales como un sismo pueden adquirir otra dimensión cuando coinciden con actividades constructivas en ejecución.

Este cambio de realidad responde, en gran medida, a transformaciones sociales y a nuevas exigencias en los modelos de financiamiento y desarrollo. Organismos internacionales y entidades financieras han incorporado estándares que obligan a las empresas a considerar variables sociales, ambientales y humanas con mayor profundidad. Al mismo tiempo, la sociedad costarricense demanda mayor transparencia, participación y responsabilidad por parte de quienes ejecutan proyectos en sus territorios.

En este contexto surge el concepto de seguridad comunitaria, entendido como un enfoque que integra a las personas que viven alrededor de las obras dentro de los sistemas de prevención, gestión de riesgos y respuesta ante emergencias. Este enfoque no sustituye la seguridad ocupacional; la complementa y la expande hacia un ámbito más amplio y más humano. 

El reto es significativo

El sector construcción ha operado durante décadas bajo esquemas centrados en la ejecución técnica de proyectos. Incorporar variables sociales implica transformar procesos, ajustar culturas organizacionales y asumir responsabilidades que históricamente no formaban parte del núcleo del negocio. La transición no es inmediata ni sencilla. Requiere aprendizaje, adaptación y, sobre todo, voluntad.

En países como Costa Rica, Nicaragua y Panamá, este proceso apenas comienza a tomar forma. Las empresas avanzan en etapas iniciales, con planes en desarrollo, protocolos en construcción y experiencias que aún generan más preguntas que respuestas. No existe una fórmula única, pero sí una dirección clara: la seguridad debe evolucionar hacia una visión más integral.

Ya no basta con informar sobre un proyecto al inicio de su ejecución. La comunicación debe ser constante. La participación debe ser real. Las preocupaciones de los vecinos deben formar parte del proceso de toma de decisiones. Este cambio redefine el vínculo entre empresa y comunidad, y plantea una nueva forma de construir legitimidad social.

Una gestión adecuada puede evitar afectaciones en viviendas cercanas, proteger fuentes de agua, reducir conflictos sociales e incluso generar espacios de colaboración con actores locales. Más allá de la obra, se fortalece el tejido social y se promueve una cultura de corresponsabilidad.

El mayor desafío sigue siendo cultural

Romper paradigmas dentro de las organizaciones y generar conciencia en las comunidades exige tiempo y consistencia, al menos así lo hemos hecho en Constructora Meco. La historia demuestra que los cambios en seguridad siempre enfrentan resistencia inicial. Sin embargo, también demuestra que, una vez incorporados, se convierten en estándares incuestionables.

En el marco del Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, esta reflexión adquiere un sentido particular. La seguridad y la salud no representan una oportunidad coyuntural ni una tendencia pasajera. La seguridad y la salud constituyen un valor. Un valor no se negocia. Un valor no se adapta a conveniencia. Un valor se sostiene en el tiempo y orienta las decisiones.

La construcción tiene la capacidad de influir más allá de sus proyectos. Cada obra se desarrolla en comunidades donde crecen niños, adolescentes y jóvenes que observan, aprenden y replican comportamientos. Promover la seguridad y la salud en estos entornos contribuye a formar ciudadanos más conscientes y futuros trabajadores con una cultura preventiva más sólida.

Costa Rica tiene la oportunidad de avanzar hacia un modelo de desarrollo donde la infraestructura no solo responda a necesidades económicas, sino también a criterios sociales y humanos. Lograrlo exige reconocer que la seguridad no termina en la obra. La seguridad empieza en las personas y se extiende a la comunidad.

Ese es el desafío. 

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