La prueba nacional de inglés del MEP mide lectura y escucha, pero no le pide al estudiante que hable. Pese a avances recientes en evaluación diagnóstica oral, los datos confirman que los jóvenes obtuvieron los resultados más bajos entre los grupos etarios evaluados en el país.

Aunque el objetivo de aprender un idioma es poder comunicarse, la evaluación nacional de inglés aplicada por el Ministerio de Educación Pública (MEP) al concluir la educación secundaria mide únicamente comprensión lectora y comprensión auditiva. La producción oral, la habilidad de sostener una conversación en inglés, no forma parte de la prueba oficial, de acuerdo con su propio marco de referencia.
El sistema ha dado pasos para atender esa brecha. Desde 2023, el MEP en conjunto con la Universidad de Costa Rica aplica pruebas diagnósticas de monitoreo que, por primera vez, incluyen producción oral evaluada con inteligencia artificial. Los resultados de 2024 muestran avances: el porcentaje de estudiantes de secundaria que alcanza B1 o superior pasó de 36% a 50%. Sin embargo, la otra mitad del estudiantado sigue en nivel A2 o por debajo, considerado básico según el Marco Común Europeo y los resultados específicos de la evaluación oral aún no son públicos.
«Estamos enseñando inglés como una materia académica, cuando el mercado laboral lo exige como una herramienta de comunicación. La pregunta que debemos hacernos no es cuántos estudiantes aprueban inglés, sino cuántos pueden usarlo. Un idioma se aprende para comunicarse, y la capacidad de sostener una conversación debería ser uno de los principales indicadores de éxito del proceso educativo», señala Adriana Castro, especialista en enseñanza de idiomas y fundadora de Craving English.
Los datos internacionales apuntan en la misma dirección. Según el EF English Proficiency Index 2025, el grupo de 18 a 20 años, registra la mayor brecha negativa respecto al promedio nacional, con una diferencia de 57 puntos por debajo de la media.»Es el grupo que obtuvo el desempeño más bajo entre los costarricenses que realizaron la evaluación.
La diferencia resulta aún más significativa al comparar con los adultos de entre 31 y 40 años, quienes obtienen 51 puntos por encima del promedio nacional pese a haberse formado con menor acceso tecnológico. La distancia entre ambos grupos supera los 100 puntos en el mismo índice, una cifra que, para especialistas en enseñanza de idiomas, evidencia que el problema no está en las herramientas disponibles sino en cómo se enseña el idioma.
«Consumir contenido en inglés y aprender a hablarlo son dos cosas completamente distintas. La exposición al idioma es el primer paso, pero sin una metodología que lleve al estudiante a usarlo, a pensar en él y a comunicarse, lo que se desarrolla es reconocimiento, no fluidez.” expresa Castro.
El método importa más que el acceso
En el campo de la enseñanza de idiomas existen tres grandes enfoques que explican, en buena medida, por qué algunos estudiantes logran hablar inglés y otros no:
- La tradicional, prioriza gramática, lectura y escritura, por lo que suele dedicar menos tiempo al desarrollo de habilidades conversacionales.
- La autodidacta, incluye aplicaciones, videos y plataformas digitales, genera contacto con el idioma, aunque su efectividad depende en gran medida de la disciplina y la práctica del estudiante.
- La conversacional, trabaja en grupos pequeños con práctica oral desde el inicio y corrección simultánea; diversos especialistas en adquisición de idiomas consideran que los enfoques centrados en la interacción oral favorecen el desarrollo de la comunicación práctica.
«El 50% de quienes llegan a Craving English nos dice que el inglés siempre le fue mal en la escuela, el colegio e incluso en diferentes centros de enseñanza, que ‘no sirven para los idiomas’. Casi siempre, el problema no fue el estudiante sino la metodología a la que estuvo expuesto”, añade la experta.
Una barrera de movilidad económica
Las consecuencias trascienden el aula. Costa Rica es el segundo país de la OCDE con mayor desempleo juvenil, y al cuarto trimestre de 2025, el 20% de los jóvenes entre 15 y 24 años no estudia ni trabaja.
El inglés conversacional es un diferenciador crítico: los empleos que lo requieren ofrecen salarios hasta un 60% más altos, y el idioma es uno de los principales filtros de entrada a las zonas francas, donde los salarios promedian 1,8 veces el ingreso del sector privado.
«Para muchos jóvenes, el inglés representa una de las puertas más directas hacia un empleo formal y mejor remunerado. Cuando un estudiante termina el colegio sin la confianza o capacidad de comunicarse en el idioma, enfrenta una importante desventaja competitiva«, enfatiza Adriana.
La especialista identifica tres cambios concretos para esta realidad nacional:
- Incorporar metodología conversacional desde los primeros años de escolaridad.
- Reducir el tamaño de los grupos en la enseñanza del idioma.
- Evaluar el progreso de forma oral, no solo escrita.





