Construir sistemas agroalimentarios resilientes protegiendo nuestros ecosistemas

Construir sistemas agroalimentarios resilientes protegiendo nuestros ecosistemas

Rene Orellana Halkyer, Subdirector General y Representante Regional de la FAO para América Latina y el Caribe.

El 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, nos convoca bajo una consigna tan simple como urgente: “Por el clima y la vida ya”. Producir alimentos para el presente y el futuro exige proteger la base natural que sostiene la vida: el suelo, el agua, los bosques y la biodiversidad. No puede haber seguridad alimentaria duradera en un planeta desestabilizado.

El cambio climático ya no es una amenaza lejana. Está modificando los ciclos de lluvia, degradando suelos, reduciendo la disponibilidad de agua y aumentando la frecuencia de fenómenos extremos que afectan a quienes producen nuestros alimentos. Cuando un bosque desaparece, cuando una cuenca pierde capacidad de regulación hídrica o cuando una tierra fértil se degrada, el impacto no es solamente ambiental: es económico, social y alimentario.

América Latina y el Caribe ocupa un lugar estratégico en esta discusión. La región alberga casi la mitad de los bosques tropicales del planeta, cerca del 60% de la biodiversidad terrestre y aproximadamente un tercio del agua dulce disponible para consumo humano. Esta riqueza natural constituye una enorme oportunidad, pero también una gran responsabilidad.

Responder a esta emergencia requiere gobernanza efectiva, financiamiento adecuado y cooperación más estrecha entre países. Sin embargo, en 2023 apenas el 4% del financiamiento climático internacional se destinó a la agricultura, la ganadería, la pesca y la silvicultura —los sectores que sostienen la vida de las comunidades más vulnerables. Cerrar esa brecha no es solo una cuestión de justicia: es una condición estructural para cualquier estrategia de adaptación que aspire a ser efectiva.

La buena noticia es que existen soluciones y que muchas de ellas ya están produciendo resultados concretos, con el esfuerzo de gobiernos, comunidades, productores, actores privados e instituciones que acompañan procesos de restauración y regeneración de los ecosistemas y de cuidado del medio ambiente.

Desde 2018, cerca de 700 millones de dólares del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF) y del Fondo Verde para el Clima (GCF) han sido movilizados, con asistencia de la FAO, hacia programas vinculados a sistemas agroalimentarios en 31 países de la región. El lanzamiento del Tropical Forest Forever Facility en la COP30 de Brasil, al que la FAO ha contribuido activamente, abre además nuevas oportunidades para que la conservación de bosques tropicales genere beneficios concretos para las personas y los territorios.

En la Amazonía, la FAO trabaja junto a los países miembros de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica para fortalecer la gobernanza forestal, los sistemas de monitoreo y las capacidades institucionales para acceder a financiamiento climático. Según el Observatorio Regional Amazónico, aunque en 2025 la deforestación cayó un 68% respecto a 2024, la amenaza sigue exigiendo una respuesta regional sostenida. La Amazonía, que alberga la mayor reserva mundial de carbono en biomasa forestal viva, es clave para cumplir el Acuerdo de París.

También hay resultados concretos sobre el terreno. En Bolivia, en el marco de un proyecto financiado por el GEF, 15 mil personas de pueblos indígenas de la región del Chaco realizan gestión sostenible del bosque en 60 mil hectáreas y sistemas agroforestales, agroecológicos, y silvopasturas en 40 mil hectáreas de tierra. 

En Guatemala, el proyecto RELIVE beneficia directamente a más de 19 mil familias productoras —principalmente de comunidades mayas— mediante prácticas agroforestales, restauración de paisajes y gestión hídrica en 29 municipios del Corredor Seco, con proyección de más de 116 mil personas de forma indirecta. En El Salvador, el proyecto RECLIMA ha restaurado más de 34 mil hectáreas, entregado 3.197 sistemas de captación de agua lluvia y 2.392 de riego por goteo, y beneficiado a 50.000 familias en 114 municipios.

En Venezuela, el proyecto «Conservación y uso sustentable de la diversidad biológica en la cuenca del río Caroní» —financiado por el GEF con asistencia técnica de la FAO— promueve la restauración de ecosistemas junto a 44 mil integrantes del pueblo indígena Pemón, integrando conocimiento tradicional y enfoques de adaptación basada en ecosistemas en una cuenca que aporta el 70% de la energía hidroeléctrica del país.

En Chile, el Proyecto +Bosques —con financiamiento del GCF y apoyo de la FAO— ha comprometido el manejo sostenible y la restauración de bosque nativo con 17 mil hectáreas intervenidas, y beneficios directos para más de 7.600 personas. En el Caribe, Jamaica recibió en marzo de 2026 la primera inversión del GCF: USD 40 millones para el proyecto ADAPT Jamaica, implementado con apoyo de la FAO, y que alcanzará a más de 700 mil beneficiarios en seis parroquias responsables del 70% de la producción alimentaria nacional.

En México, Honduras y Panamá, proyectos financiados por el GEF apoyan la restauración de paisajes productivos, el manejo sostenible de bosques y la conservación de biodiversidad, fortaleciendo simultáneamente la seguridad alimentaria y la resiliencia climática de comunidades rurales. Y en la cuenca transfronteriza de Laguna Merín, entre Uruguay y Brasil, la cooperación binacional impulsada por la FAO y el GEF avanza en la gestión integrada de recursos hídricos compartidos, con un co-financiamiento de USD 77 millones de ambos gobiernos para proteger ecosistemas estratégicos de los que depende la producción agropecuaria regional.

La FAO impulsa también herramientas tecnológicas que potencian esta acción en territorio. SEPAL, permite el monitoreo de bosques, uso de suelos y restauración de paisajes, a través de una plataforma de código abierto adoptada por más de 100 países; y Open Foris facilita la recopilación y análisis de datos forestales por parte de comunidades, técnicos e instituciones. 

Actuar por el clima implica invertir en los territorios, fortalecer la cooperación internacional y poner la ciencia y la innovación al servicio de quienes cuidan la tierra. América Latina y el Caribe tiene una riqueza ambiental extraordinaria y una responsabilidad compartida con el mundo. Cuidar sus bosques, agua, suelos y biodiversidad es una decisión estratégica. En este Día Mundial del Medio Ambiente, la invitación es clara: acelerar la acción, ampliar la cooperación, implementar medios tecnológicos y fortalecer las inversiones que permitan construir sistemas agroalimentarios más resilientes, inclusivos y sostenibles.

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