Por Christopher Nease
Director of the Global Center of Excellence (GCoE) at Johnson Controls Costa Rica – christopher.nease@jci.com

Cada 3 de julio, Costa Rica conmemora el Día del Ingeniero y la Ingeniera Costarricense, una fecha que reconoce el aporte de quienes, desde distintas disciplinas, han contribuido al desarrollo del país mediante la ciencia, la tecnología y la innovación.
Más que celebrar una profesión, esta fecha invita a reflexionar sobre el papel que desempeña la ingeniería en la competitividad nacional y en la capacidad de Costa Rica para integrarse a una economía cada vez más impulsada por el conocimiento, la tecnología y la innovación.
Esa reflexión resulta especialmente pertinente en un momento en que el talento costarricense participa en proyectos tecnológicos y de infraestructura de alcance global. Según la estrategia de Talento Humano impulsada por la Promotora de Comercio Exterior (PROCOMER), Costa Rica enfrenta una creciente demanda de profesionales con habilidades en ingeniería, tecnologías digitales, automatización y otras disciplinas STEM, debido a la evolución de sectores intensivos en conocimiento y al establecimiento de operaciones cada vez más sofisticadas en el país.
Estos datos reflejan una realidad que observamos todos los días: las organizaciones ya no buscan únicamente países competitivos en costos. Buscan lugares donde exista talento capaz de resolver problemas complejos, innovar y contribuir a proyectos que respaldan industrias críticas alrededor del mundo. Cada vez más, lo que diferencia a los países no es solo el costo o el acceso, sino si su talento puede ayudar a habilitar los entornos donde ocurre la innovación global.
En ese contexto, Costa Rica ha dejado de ser únicamente un destino para prestar servicios especializados. Hoy también exporta conocimiento. Cada vez más, las ingenieras y los ingenieros costarricenses ayudan a entregar tecnologías y soluciones que respaldan algunos de los avances más importantes del mundo, y habilitan los entornos donde todos los días ocurren innovaciones en salud, infraestructura digital y manufactura avanzada.
Cada vez más ingenieras e ingenieros costarricenses participan desde el país en proyectos relacionados con descarbonización, eficiencia energética y sostenibilidad. En un momento en que la gestión térmica se está convirtiendo en un elemento fundamental para el progreso global y cada vez más crítico para industrias que van desde los centros de datos y la salud hasta la manufactura avanzada, el talento costarricense ayuda a desarrollar soluciones que mejoran el desempeño mientras utilizan la energía de forma más eficiente. Son profesionales que colaboran con equipos internacionales, toman decisiones técnicas estratégicas y desarrollan soluciones que terminan implementándose en distintas regiones del mundo.
En Johnson Controls vivimos esa realidad diariamente. Nuestro Centro Global de Excelencia reúne a más de 400 profesionales que brindan soporte a proyectos que crean y mantienen los entornos de misión crítica donde se realiza trabajo esencial, ya sea en centros de datos, instalaciones de salud o entornos industriales avanzados. Lo verdaderamente valioso de esta operación no es su tamaño, sino la capacidad del talento costarricense para aportar criterio técnico, innovación y una visión orientada a generar soluciones. Su trabajo ayuda a crear y mantener entornos donde se realiza parte del trabajo más importante del mundo, apoyando a los clientes mientras mejoran la resiliencia, la eficiencia y la sostenibilidad en operaciones críticas. Este trabajo no se trata tanto de los sistemas en sí mismos, sino de habilitar resultados para los clientes, ayudando a las organizaciones a operar con mayor resiliencia, eficiencia y confianza en entornos que no pueden fallar.
A medida que se acelera la adopción de la inteligencia artificial, también aumenta la necesidad de la infraestructura física y los sistemas térmicos que permiten que funcione de manera confiable y a escala. A medida que estas tecnologías se aplican de forma más amplia en la sociedad, la demanda de ingenieras e ingenieros capaces de resolver desafíos cada vez más complejos seguirá creciendo. El talento humano es esencial para liberar el potencial positivo sin precedentes de las tecnologías de vanguardia. Ingenieras, ingenieros y colegas con capacidad y talento pueden unirse para resolver problemas de forma creativa, trabajar colaborativamente, identificar conexiones entre realidades que parecen distintas, cuestionar supuestos y diseñar soluciones con capacidad real de contribuir al avance de la sociedad.
Precisamente esas son las cualidades que distinguen a muchos de los ingenieros costarricenses con quienes tengo el privilegio de trabajar. Su aporte va mucho más allá del conocimiento técnico. Se caracteriza por la curiosidad, el aprendizaje permanente y la disposición para ir más allá de lo esperado.
He podido acompañar el crecimiento profesional de personas que representan muy bien esa evolución de la ingeniería nacional. María José Arley e Ignacio Picado, ambos líderes de equipo de la división de Security, iniciaron sus carreras en nuestra organización como ingenieros de diseño y, con el paso de los años, han asumido responsabilidades de liderazgo en proyectos internacionales.
Sus historias reflejan una característica que observo con frecuencia en el talento costarricense: la capacidad de aprender continuamente, adaptarse a nuevos desafíos y generar valor para clientes y equipos alrededor del mundo.
La competitividad del país dependerá, en buena medida, de nuestra capacidad para seguir fortaleciendo el talento especializado. Esto implica continuar impulsando la educación STEM, estrechar la relación entre universidades y sector productivo, promover el aprendizaje continuo y generar oportunidades para que las nuevas generaciones desarrollen carreras con impacto global sin necesidad de salir del país.
Cuando un ingeniero o una ingeniera costarricense participa en el diseño de una solución para un hospital, un centro de datos, un edificio inteligente o una infraestructura crítica en cualquier parte del mundo, no solo contribuye al éxito de un proyecto. También ayuda a crear entornos de misión crítica que habilitan la innovación, respaldan el crecimiento económico y mejoran vidas. Al hacerlo, también fortalece la reputación internacional de Costa Rica como un país capaz de exportar conocimiento, innovación y talento altamente especializado.
Ese es uno de los activos más valiosos que podemos construir para el futuro. Y también es un recordatorio de que el trabajo de las ingenieras y los ingenieros costarricenses no solo está dando forma a proyectos y negocios, sino que también está ayudando a dar forma al futuro de la sociedad. En un mundo donde la precisión, la confiabilidad y la eficiencia energética definen cada vez más el progreso, esa contribución nunca ha sido más importante.





