Envejecer bien con aprendizaje a lo largo de la vida

Envejecer bien con aprendizaje a lo largo de la vida

Autora: Ana Matilde Ordeñana Iraheta, Licenciada en Educación Física, Diplomado en especialización en Educación de Personas Adultas Mayores y coordinadora del Proceso de Gestión de Aprendizaje y Conocimiento de AGECO.

Durante mucho tiempo, la vejez fue entendida como una etapa homogénea, asociada casi exclusivamente a la jubilación, las pérdidas o la dependencia. Sin embargo, hoy sabemos y lo comprobamos cada día en espacios familiares, comunitarios y educativos que la vejez es diversaNo existe una sola vejez, sino muchas, porque cada persona es única e irrepetible. Por lo tanto, no hay una única forma de envejecer; existen tantas como personas, ya que el proceso de envejecimiento varía según factores biológicos, hereditarios, de estilo de vida y contextuales, entre otros. Esta mirada parte del enfoque del envejecimiento activo y las aportaciones de Rocío Fernández-Ballesteros, quien subraya que envejecer bien no es cuestión de azar, depende de muchas condiciones, entre ellas al acceso pleno a espacios de participación y educación permanente.

Desde la Gerontología Educativa, el aprendizaje continuo se concibe como una herramienta clave para el bienestar en la vejez. Aprender a lo largo de la vida es un derecho de todas las personas, independientemente de su edad. Este derecho no solo comprende la adquisición de conocimientos académicos, sino también el acceso y la participación en espacios de educación no formal e informal.

Ejemplo de ello son las iniciativas educativas que promueven formaciones técnicas y ocupacionales, así como propuestas orientadas al desarrollo personal, al bienestar integral y a la educación comunitaria, tecnológica, cultural y artística. Estas experiencias generan beneficios en cualquier etapa del ciclo vital, pues fortalecen la autoestima, favorecen la autonomía, resguardan la dignidad y contribuyen a una vida plena.

En la Asociación Gerontológica Costarricense (AGECO) se promueve el derecho a la educación a través de la educación no formal, mediante cursos en áreas como tecnologías, actividad física, salud integral, idiomas y arte. Así, el aprendizaje también se nutre desde los ámbitos cotidianos e informales. Las personas mayores encuentran nuevas oportunidades de crecimiento al ser partícipes en espacios intergeneracionales, asociaciones y grupos comunales, voluntariados o emprendimientos, donde pueden poner en práctica sus habilidades y comparten su experiencia.

Aprender a envejecer de manera activa y satisfactoria implica reconocer y aceptar los cambios, cuidar de la salud física y emocional y, al mismo tiempo, no renunciar al deseo de seguir desarrollándose. Como plantea Fernández-Ballesteros, el bienestar en la vejez se construye combinando estilos de vida saludables, relaciones significativas, sentido de vida y participación social. La edad no limita la capacidad de aprender; por el contrario, aprender es una de las mejores estrategias para envejecer mejor.

La vejez no es pasiva ni homogénea. Es una etapa con potencial para continuar desarrollándose, aportar a otras personas y vivir con vitalidad. Promover espacios formativos, educativos y sociales donde las personas adultas y adultas mayores puedan aprender, compartir y crear es promover una vejez más justa, más humana y, sobre todo, más plena.

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