El sabor ya no se analiza de manera aislada: aroma, textura, apariencia, contexto y experiencias previas influyen en la forma en que los consumidores perciben y eligen los alimentos.

Costa Rica. 1 de septiembre 2026. ¿Por qué algunos alimentos nos resultan irresistibles mientras otros no despiertan el mismo interés? La respuesta va mucho más allá del sabor. La textura, el aroma, la apariencia y hasta el contexto en el que se consume un producto forman parte de una experiencia sensorial que influye en las preferencias de los consumidores.
A medida que las personas exploran nuevas cocinas, combinaciones y experiencias gastronómicas, comprender qué hay detrás de sus decisiones se vuelve cada vez más relevante para la industria alimentaria. Un alimento puede ser percibido de manera diferente dependiendo de sus características sensoriales, pero también de las experiencias previas, referencias culturales y emociones asociadas a su consumo.
Esta evolución plantea un nuevo reto para la innovación: no se trata únicamente de identificar qué sabores gustan, sino de comprender qué hace que una experiencia alimentaria conecte con las personas.
Para Griffith Foods, este enfoque implica integrar distintas disciplinas en sus procesos de innovación, combinando ciencia sensorial, conocimiento del consumidor, gastronomía y ciencia de los alimentos. A través de herramientas como FlavorIQ®, la compañía analiza tendencias y preferencias para identificar oportunidades y convertir esos insights en soluciones y conceptos que respondan a las necesidades de los diferentes mercados.
“La construcción de la preferencia alimentaria trasciende el gusto individual para integrarse en una experiencia sensorial y emocional completa. Atributos como la textura, el aroma y el aspecto visual son determinantes, pero se entrelazan con el bagaje cultural, las memorias y los sentimientos vinculados a cada bocado. Al descifrar esta complejidad, logramos interpretar las motivaciones profundas del consumidor y los factores clave que transforman una ingesta cotidiana en una vivencia inolvidable”, explicó Alejandro Molina, Chef de Griffith Foods para Centroamérica y el Caribe.
Entender al consumidor para anticipar nuevas oportunidades
Esta mirada también permite comprender cómo evolucionan las preferencias y cómo una experiencia que inicialmente puede ser de nicho encuentra nuevas oportunidades en distintos mercados.
Para la industria alimentaria, el desafío no consiste únicamente en identificar cuál será el próximo sabor de moda, sino en interpretar por qué una determinada experiencia resulta atractiva para los consumidores y cómo puede evolucionar sin perder aquello que la hace relevante.
En este proceso, los ingredientes tradicionales también pueden adquirir nuevas posibilidades cuando se presentan desde perspectivas diferentes o se combinan con nuevos atributos sensoriales. De esta manera, la innovación puede surgir tanto de la creación de algo completamente nuevo como de la reinterpretación de experiencias que ya forman parte de las preferencias de los consumidores.
“Identificar una tendencia es solo el primer paso. Lo realmente importante es entender qué hay detrás de ese comportamiento y qué necesidad está expresando el consumidor. En América Latina, la diversidad de preferencias, hábitos y tradiciones alimentarias representa una oportunidad para identificar nuevas formas de combinar sabores, texturas y experiencias, y adaptar las tendencias globales a las características de cada mercado, desarrollando soluciones que respondan a sus particularidades”, señaló Molina.
Esta capacidad de interpretar al consumidor también cobra relevancia en mercados como Costa Rica, donde Griffith Foods forma parte de una operación regional desde la cual desarrolla soluciones para distintos mercados y combina conocimiento global con una comprensión de las particularidades de los consumidores de la región.
Más que anticipar una lista de sabores que dominarán el futuro, la evolución de las preferencias alimentarias apunta a una conclusión más amplia: innovar en alimentos requiere entender a las personas tanto como entender los ingredientes.
La capacidad de escuchar al consumidor, interpretar sus comportamientos y traducirlos en experiencias de sabor y sensoriales puede marcar la diferencia entre simplemente seguir una tendencia y desarrollar una innovación con verdadero potencial.





