Grupo EULEN hace un llamado a las organizaciones a tomar decisiones basadas en evidencia y certificaciones verificables.


En el marco del Mes del Ambiente, Grupo EULEN Costa Rica hace un llamado a empresas e instituciones públicas y privadas para comprender una diferencia que cobra cada vez mayor relevancia en las estrategias de sostenibilidad corporativa: no todo producto que se promociona como «verde», «ecológico», «natural» o «amigable con el ambiente» es necesariamente biodegradable.
En un contexto donde los criterios ambientales tienen un peso creciente en las decisiones de compra y contratación, se advierte que muchas organizaciones aún desconocen qué sucede con los productos químicos utilizados diariamente en sus procesos de limpieza una vez que estos llegan a los drenajes, sistemas de tratamiento de aguas o al medio ambiente.
La biodegradabilidad no es un concepto de mercadeo, sino una característica técnica que determina la capacidad de una sustancia para degradarse mediante la acción de microorganismos, reduciendo significativamente su permanencia e impacto ambiental.
«Existe la percepción de que todo producto etiquetado como ecológico o natural es automáticamente biodegradable. Sin embargo, son conceptos distintos. La verdadera biodegradabilidad debe estar respaldada por la composición química del producto, pruebas técnicas, certificaciones y cumplimiento de estándares específicos», explica Mario Vargas, Gerente General de Grupo EULEN Costa Rica y Licenciado en Química incorporado al Colegio de Químicos de Costa Rica.
Algunos productos convencionales pueden contener compuestos persistentes o sustancias que incrementan la carga contaminante de las aguas residuales, mientras que las formulaciones biodegradables están diseñadas para degradarse de forma más rápida y segura, reduciendo su permanencia en los ecosistemas.
La composición sí importa: ¿qué hace que un producto sea realmente biodegradable?
Desde el punto de vista técnico, los productos biodegradables suelen incorporar tensoactivos y agentes limpiadores derivados de materias primas renovables, como aceites vegetales, coco, maíz o azúcares. También pueden incluir enzimas naturales que ayudan a degradar grasas, proteínas y otros residuos orgánicos, facilitando que los compuestos se transformen en agua, dióxido de carbono y biomasa mediante procesos biológicos naturales.
Por el contrario, algunos productos convencionales pueden contener ingredientes de origen petroquímico o compuestos de degradación más compleja, como nonilfenoles etoxilados (APEOs), fosfatos, fosfonatos, ciertos solventes sintéticos o conservantes que pueden permanecer durante más tiempo en el ambiente y aumentar la carga contaminante de las aguas residuales.
«Cuando hablamos de biodegradabilidad no nos referimos únicamente a una etiqueta. Hablamos de la capacidad química que tiene una sustancia para reintegrarse a los ciclos naturales sin generar residuos persistentes. Por eso es tan importante revisar la composición del producto y no solamente los mensajes comerciales que aparecen en el envase», explica Vargas.
Sin embargo, el Lic. Mario Vargas advierte que la biodegradabilidad no debe asumirse como un cheque en blanco ambiental. “Existe el mito corporativo de que un producto biodegradable no genera impacto, lo cual es un error técnico craso. La biodegradabilidad representa un potencial químico, no una desaparición mágica. Si un volumen masivo de producto biodegradable es vertido simultáneamente en un cuerpo de agua, provocará un pico de Demanda Química de Oxígeno (DQO), asfixiando el ecosistema local antes de lograr degradarse. Las organizaciones deben adoptar una visión más madura, inteligente y técnica: la sostenibilidad de la limpieza no depende solo de la etiqueta del producto, sino de la dosificación científica, la gestión de la dilución y el control de la carga contaminante total que enviamos al drenaje”, concluye Vargas.
Entre los ingredientes que suelen asociarse con formulaciones más sostenibles destacan los alquilpoliglucósidos (APG), derivados del coco, enzimas naturales y solventes de origen vegetal. En cambio, la presencia de fosfatos, ciertos conservantes, nonilfenoles o compuestos altamente persistentes debe ser analizada con mayor detenimiento por parte de las organizaciones que buscan reducir su impacto ambiental.
Más de 27 años incorporando mejores prácticas ambientales
Para Grupo EULEN Costa Rica, esta discusión forma parte de una evolución que la compañía ha venido impulsando durante más de 27 años de operación en el país.
La organización brinda servicios especializados de limpieza para bancos, hospitales, clean rooms y empresas de manufactura de dispositivos médicos y Life Sciences, centros corporativos, supermercados, centros comerciales, industrias, instituciones públicas y empresas privadas, incorporando progresivamente soluciones con mejores perfiles ambientales cuando las condiciones operativas, técnicas y regulatorias lo permiten.
Como resultado de esta evolución, actualmente cerca del 90% de los productos utilizados por Grupo EULEN Costa Rica en sus operaciones de Limpieza cuentan con características biodegradables. Esto ha requerido un rediseño de los protocolos de dilución y capacitación del personal para asegurar que la cinética de degradación se cumpla en las plantas de tratamiento de nuestros clientes.
La experiencia resulta especialmente relevante en entornos altamente regulados, donde la limpieza debe cumplir simultáneamente con criterios de eficacia, seguridad y sostenibilidad, incluyendo hospitales, consultorios médicos, áreas quirúrgicas, laboratorios, plantas de manufactura y salas limpias o clean rooms utilizadas en la fabricación de dispositivos e insumos médicos.
Como parte de este compromiso, Grupo EULEN opera bajo los lineamientos de la certificación ISO 14001, estándar internacional que establece los requisitos para implementar sistemas de gestión ambiental orientados a la mejora continua. Esta certificación permite identificar, controlar y reducir impactos ambientales asociados a las operaciones, así como asegurar el cumplimiento de requisitos legales y regulatorios aplicables. “Más allá de representar una certificación, EULEN utiliza esta norma como un mecanismo de gestión y transferencia de conocimiento hacia sus clientes, apoyándolos en la implementación de prácticas que favorecen la reducción de la carga orgánica y, en consecuencia, la optimización de los costos de tratamiento de aguas residuales”, manifestó Vargas.
Costa Rica avanza hacia una limpieza más sostenible
La discusión sobre productos biodegradables también ha ganado relevancia desde el ámbito regulatorio. En los últimos años, Costa Rica ha fortalecido sus herramientas de etiquetado ambiental y criterios técnicos para promover productos de menor impacto sobre los ecosistemas y la salud humana.
A través del Programa Nacional de Etiquetado Ambiental impulsado por el Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE) y la Dirección de Gestión de la Calidad Ambiental (DIGECA), se establecieron criterios ecológicos para productos de limpieza. Entre ellos destaca que los tensoactivos utilizados deben ser fácilmente biodegradables y no contener sustancias consideradas de alta toxicidad ambiental.
Entre las certificaciones más reconocidas destacan la Ecoetiqueta Costa Rica, el sello europeo EU Ecolabel, Green Seal y UL ECOLOGO, que verifican aspectos como biodegradabilidad, restricciones al uso de sustancias peligrosas y reducción de impactos ambientales durante el ciclo de vida de los productos.
¿Qué revisar en la etiqueta de un producto de limpieza?
• Certificaciones reconocidas como Ecoetiqueta Costa Rica, EU Ecolabel, Green Seal o UL ECOLOGO.
• Disponibilidad de fichas de datos de seguridad (FDS) actualizadas.
• Declaraciones verificables sobre biodegradabilidad y desempeño ambiental.
• Limitación o ausencia de fosfatos y fosfonatos.
• Ausencia de nonilfenoles etoxilados (APEOs) y otros compuestos persistentes.
• Información clara y transparente sobre ingredientes y composición.





