Los retos de la niñez vulnerable: más allá del aula

Los retos de la niñez vulnerable: más allá del aula

  • Ansiedad, inseguridad y baja autoestima que afectan el aprendizaje.
  • Refuerzo escolar acompañado de apoyo emocional y familiar. 

San José, febrero de 2026. La conversación sobre educación en el país suele centrarse en calificaciones, pruebas y rendimiento académico. Sin embargo, en contextos de vulnerabilidad, los principales desafíos que enfrentan niños y niñas no siempre se reflejan ahí. Inseguridad, ansiedad, baja autoestima y una pérdida del sentido de pertenencia forman parte de una realidad silenciosa que impacta directamente su capacidad de aprender y desarrollarse plenamente.

De acuerdo con el análisis realizado por Asociación Roblealto Pro-Bienestar del Niño, muchos menores que viven en entornos marcados por la pobreza, la inestabilidad familiar o el estrés crónico destinan gran parte de su energía emocional a sobrellevar esas tensiones cotidianas, lo que limita su concentración, su regulación emocional y su seguridad personal.

El resultado puede reflejarse en bajo rendimiento, ausentismo o conductas de evasión; no obstante, estas señales no evidencian falta de capacidad, sino necesidades no atendidas. Cuando un niño no se siente seguro o valorado, su potencial se ve restringido, aunque tenga las habilidades para avanzar.

Más que notas: el desafío de una educación integral

El abordaje exclusivamente académico resulta insuficiente cuando no se consideran las dimensiones emocionales, familiares y sociales que influyen en el aprendizaje. El proceso educativo no ocurre en aislamiento: cada estudiante llega al aula con una historia, un entorno y experiencias que inciden directamente en su desempeño.

“Cuando hablamos de rezago educativo, muchas veces pensamos sólo en contenidos o evaluaciones, pero el aprendizaje está profundamente ligado a la seguridad emocional y al sentido de pertenencia. Si un niño vive en constante preocupación, difícilmente podrá concentrarse en aprender”, señaló Adriel Esquivel, supervisor de Educación de Roblealto.

Esquivel explicó que fortalecer la autoestima, el vínculo y la estabilidad emocional no es un complemento, sino una condición necesaria para que el rendimiento académico mejore de manera sostenida. “Primero debemos asegurarnos de que cada niño y niña se sienta acompañado, comprendido y valorado. Cuando eso sucede, el avance académico se convierte en una consecuencia natural, no en una imposición”, agregó.

Un modelo que trasciende el aula

Frente a esta realidad, Roblealto impulsa un modelo de atención integral que combina refuerzo escolar con acompañamiento emocional, social y familiar. La organización actúa como puente entre el hogar y la escuela, fortaleciendo competencias parentales, promoviendo rutinas claras y fomentando una comunicación positiva dentro de las familias.

El abordaje involucra docentes, profesionales del área psicosocial y equipos de acompañamiento familiar que trabajan de forma articulada. Lo que se identifica en el aula se comunica a las familias y, a su vez, las situaciones detectadas en el entorno familiar se integran en el proceso educativo, evitando intervenciones aisladas y permitiendo respuestas coherentes centradas en el bienestar integral del menor.

Según la organización, cuando el acompañamiento es integral, los cambios son evidentes tanto en el plano emocional como en el académico. Se registran mejoras en autoestima, mayor participación en clase, disminución de conductas de evasión y progresos sostenidos en el rendimiento. Los niños y niñas comienzan a creer en sus capacidades y desarrollan mayor autonomía.

En el contexto actual del país, Roblealto advierte que el rezago educativo no se resolverá únicamente aumentando contenidos o evaluaciones. Se requieren políticas públicas que integren salud mental, fortalecimiento familiar, acompañamiento comunitario y prevención temprana.

Scroll al inicio